
La ansiedad es una de las enfermedades que más crecen en el mundo.
Es experimentada por el ser humano a dos niveles: nivel psíquico,
y nivel corporal o somático. La ansiedad, por tanto, es un estado
emocional que se manifiesta como inquietud, nerviosismo, temor o miedo.
La ansiedad saca al individuo de un estado de equilibrio o de homeostasis.
La ansiedad normal, dentro de unos límites, prepara al organismo y mejora
la respuesta para solucionar de forma adaptativa los problemas cotidianos y
rara vez la persona percibe sensaciones en su organismo. Aparece en el plano
de los sentimientos psíquicos y surge dentro del ámbito de la
libertad personal.
Si no tuviéramos constantemente niveles de esta activación estaríamos dormidos o tendríamos una relación interpersonal muy inhibida. Así que, para poder tener creatividad, para poder estar motivados, pensar, rendir en las tareas cotidianas y relacionarnos con otras personas, debemos tener ansiedad.
La ansiedad patológica ocurre cuando su intensidad o su duración traspasa los límites de la adaptación psicosocial. Se presenta de modo más somatizado, reduciendo la capacidad de relación o de rendimiento del sujeto y produciendo malestar y alerta vital. La ansiedad patológica es más profunda, persistente y recurrente que la normal; produce un deterioro psicosocial y fisiológico, aparece en el plano de los sentimientos vitales y reduce la libertad personal.
Existen diferentes tipos de ansiedad, entre ellos los más conocidos: